Quienquiera que pase por Villasimius, famoso centro turístico en el sudeste de la isla, se queda boquiabierto: una larga extensión de arena suave y blanquísima con tonos rosados aportados por fragmentos de granito, entre una laguna y el mar de color azul claro, que adquiere un sinfín de matices a medida que se aleja de la costa. Porto Giunco es una playa tropical en medio del Mediterráneo, una de las más famosas de la isla y la más hermosa de Italia, según afirman los usuarios de TripAdvisor y numerosas revistas especializadas: sus colores parecen estar pintados por un artista y han inspirado a directores y agencias de publicad para rodar películas y anuncios.

La playa es tan grande que siempre encontrarás un lugar tranquilo para tumbarte al sol. El fondo del mar, muy poco profundo y de arena, es ideal para familias con niños. La posición de la cala contribuye a crear este escenario encantador: ubicada entre promontorios que son una defensa natural contra los vientos, sus visitantes tienen la sensación de llegar a un rincón privilegiado del mundo, ideal para bañarse con toda tranquilidad. La playa está bordeada por dunas cubiertas de enebros, lentiscos y maquia mediterránea, que perfuman el aire. Es accesible por un sendero que cruza un bosque de eucaliptos y que sale de un amplio aparcamiento al que se llega en pocos minutos desde el centro de la ciudad yendo en dirección del moderno puerto turístico. El sendero bordea la laguna de Notteri, que resplandece tranquilamente detrás de la playa, donde viven flamencos rosados y otras aves migratorias. En el pasado, estaba poblada de juncos, de ahí el nombre de la playa, también conocida como de los Dos Mares, porque es una lengua de arena entre dos espejos de agua.

Un lugar de ensueño que ofrece todo tipo de servicios, además de hoteles y apartamentos, que te dejará un recuerdo inolvidable. A lo largo de la playa encontrarás chiringuitos y locales nocturnos. Cuando el sol desciende lentamente en el horizonte, la playa se ilumina con antorchas: es el momento perfecto para tomar un aperitivo acompañado de música. También es un destino ideal para surfistas y para los amantes del esnórquel y del buceo ya que, bajo sus aguas, es fácil ver bancos de peces confiados siguiendo las corrientes cálidas. Los aficionados al senderismo pueden subir al promontorio del sudoeste, en cuya cima, como un guardián de la bahía, se alza la imponente Torre de Porto Giunco que, con sus nueve metros de altura, fue construida en el s. XVII por los españoles para defenderse de los ataques de los piratas. Desde allá, se gozan de unas vistas impresionantes.

El Giunco es la perla más brillante del área marina del cabo Carbonara, 86 km² de territorio y mar protegidos en los cuales hay muchos lugares que merecerían salir en un anuncio o en una película. Bajo el agua, espectaculares escenarios: pináculos graníticos y grietas coloreados por el amarillo de las margaritas de mar y por el rojo de las gorgonias. Y también hay pecios de diferentes épocas. En la superficie, promontorios, caletas, playas, lagunas y vegetación exuberante. Porto Giunco es la parte más occidental de un largo tramo de costa que empieza en Simius, playa urbana de un kilómetro de arena blanca y fina. Al norte, termina con el promontorio de Porto Luna, que lo separa de otra joya de Villasimius, Punta Molentis, una ensenada con una característica forma de arco de inconfundible encanto. Otras bellezas de la vertiente oriental del cabo Carbonara, extrema punta sudeste de Cerdeña, son is Traias, Rio Trottu y Manunzas. Delante de la costa se alzan las islas dei Cavoli y de Serpentara. Al oeste del promontorio, se suceden otras playas estupendas: primero, Porto sa Ruxi; luego, Campus y Campolongu; cerca del pueblo, la particular playa del Riso, que se diferencia de las otras por sus granos de arena, similares a los de arroz. Por último, justo a los pies del cabo, las dos encantadoras y tranquillas playas de cala Caterina, salpicadas de escollos de granito, con aguas cristalinas con reflejos de luz del sol brillante. Al final de un intenso día playero en uno de estos paraísos, por la noche nada mejor que pasear tranquilamente por las calles del pueblo, curioseando en sus tiendas. Y para cenar, uno de los restaurantes donde probar las especialidades locales.