Una playa de postal, un encantador triunfo de contrastes cromáticos y de perfumes. El Lido di Orrì se considera una de las playas más bonitas y típicas de la costa este de la isla, sin duda alguna, la más ancha y larga: nueve kilómetros de pequeñas caletas, rodeadas por acantilados de granito que llevan, cada uno, a unas encantadoras playas, donde casi nunca hay nadie. Es la estupenda tarjeta de visita de Tortolì, centro principal de la provincia de Ogliastra, cuyo núcleo urbano está ubicado a aproximadamente cuatro kilómetros. Todos los años, su litoral recibe la mejor puntuación otorgada por la asociación Legambiente, siendo uno de los más premiados de Cerdeña.

La playa de Orri es de arena blanca y dorada, fina y suave, casi impalpable. El fondo, poco profundo por unos trescientos metros, presenta una suave pendiente y permite que los nadadores menos expertos se sumerjan en sus aguas tranquilamente, siendo ideal también para los niños. Gracias a los juegos de luces creados por el sol reflejándose en el fondo marino, las aguas transparentes y cristalinas adquieren tonos cambiantes, que van desde el verde esmeralda hasta el azul turquesa. A quienes les gusta realizar largas brazadas o explorar los fondos marinos, Orrì les invita a disfrutar de su mar azul, rico de fauna marina, perfecto para los amantes de la pesca deportiva y del buceo. No lejos de la orilla emergen escollos grises, pulidos y redondeados por el mar, que hacen que el paisaje sea muy sugestivo. Muy ventosa, también es muy amada por los surfistas. Detrás de la playa, una pineda es el lugar ideal para relajarse a la sombra.

La playa principal de Orrì, llamada playa Grande, mide aproximadamente tres kilómetros y medio y se caracteriza por su arena blanca y fina. Ofrece numerosos servicios: amplio aparcamiento preparado para autocaravanas, alquiler de tumbonas y sombrilla y también de patines de pedales, canoas y motos de agua, numerosos chiringuitos y bares, y zonas de juegos para niños. También cuenta con un camping y cerca de ella no faltan hoteles de todo tipo. Durante las noches de verano, la diversión está asegurada gracias a los tenderetes que se instalan en la carretera que la bordea y a los numerosos locales y bares abiertos hasta tarde. Más al sur hay otros dos tramos de costa donde la playa de arena está salpicada de rocas de granito: Foxilioni y Golfetto. Alrededor, la maquia mediterránea lo perfuma todo. Una de las joyas del Lido di Orrì es la cala Ginepro, cuyo nombre deriva de un bosque de enebros que llega hasta la playa. El verde de la vegetación crea un hermoso contraste cromático con el azul del agua, el blanco de la arena fina mezclada con cantos rodados y el rosa de las rocas de granito. Siguiendo por la costa de Orrì hay otra maravilla de la provincia de Ogliastra, Cea, un kilómetro de arena blanca y fina, fondo poco profundo y aguas azules, donde se alzan dos farallones rojos, llamados is Scoglius Arrubius, a los cuales se puede llegar nadando o con patín de pedales: una paleta de colores que no puedes perderte. Pasear es una experiencia sensorial: arena sedosa al tacto, aromas mediterráneos, sonidos y colores del mar. A propósito de pórfido rojo, al lado del puerto de Arbatax no debes perderte las rocas rojas, en italiano Rocce Rosse, un espectacular monumento natural que protege la playa urbana de cala Moresca. Un poco más al sur se encuentra Porto Frailis con sus aguas azules. Mucho más oscuras son las rocas basálticas de punta su Mastixi, que crean unas caletas salpicadas de pequeñas cuevas: desde aquí, se extiende un amplio panorama que va desde el cabo de Sferracavallo al sur hasta el cabo de Monte Santo al norte. El fondo desciende gradualmente entre rocas y arena.

Tortolì es la puerta de Ogliastra, la tierra de la longevidad y un territorio multiforme y sorprendente: además de playas que parecen tropicales, hay bosques, fértiles llanuras, lagunas y suaves colinas cultivadas. Después de una buena zambullida, puedes hacer una inmersión en la cultura, las tradiciones y la arqueología, visitando, por ejemplo, el sitio prehistórico sOrtali e su Monti, característico de la edad nurágica. Para terminar esta etapa, nada mejor que un buen restaurante donde saborear las exquisiteces locales, desde los culurgiones hasta las carnes asadas, todo acompañado con un buen vino cannonau.