Muchos rincones famosos de paraíso, salvajes y de difícil acceso, quedan fuera del ranking, no por falta de belleza, sino porque, por su propia naturaleza, no pueden cumplir con los criterios y servicios exigidos por la Foundation for Environmental Education. La Cerdeña de las Banderas Azules es inevitablemente, indiscutiblemente, símbolo de un mar limpio y cristalino, el destino veraniego más deseado, pero es sobre todo sinónimo de sostenibilidad y protección ambiental, de servicios y seguridad, de educación e información para el respeto de una costa en gran parte aún virgen. El reconocimiento de la FEE, resultado de una selección muy rigurosa, ha sido otorgado a cincuenta y ocho playas repartidas en 16 municipios sardos. Es un premio al cuidado de todo el litoral de la isla.
De norte a sur: desde Trinità d'Agultu - Vignola, con Cala Sarraina, La Marinedda y Spiaggia Lunga, joyas del pueblo costero de Isola Rossa, hasta Quartu Sant’Elena, que vuelve a izar la bandera en su playa urbana del Poetto – compartida con Cagliari – y la mantiene en Mari Pintau, “el mar pintado”, nombre que anticipa el espectáculo que ofrece. De este a oeste: desde la célebre Torre di Barì y las menos conocidas Bucca 'e Strumpu y Sa Marina, en Bari Sardo, hasta la amplia y acogedora Torregrande de Oristano.
La prensa de Monte Zara es una prueba indiscutible, otras pistas ya apoyaban la hipótesis. El pozo nurágico desa Osa (siglo XV a.C.), en Cabras, fue ‘frigorífico’ natural de semillas de vernaccia y malvasia. Las semillas de la vid son idénticas en los estratos arqueológicos desde el 1400 hasta el 800 a.C.: como resultado, los Nurágicos han cultivado las mismas variedades de uvas durante 600 años. Se encontraron uvas carbonizadas en los pueblos de nuraghe Adoni en Villanovatulo (siglo XII a.C.) y de nuraghe Genna Maria en Villanovaforru y en el asentamiento de Duos Nuraghes en Borore (siglo XIV a.C.). Pólenes de vitis vinifera se encontraron en una cabaña del Bau Nuraxi deTriei (siglo XI a.C.), junto con una jarra y una jofaina de bronce relacionadas menudo con el vino. Los jarrones sardos de la reciente y última Edad de Bronce - cuencos, jarras y palanganas - están todos asociados con rituales ceremoniales y el consumo de bebidas. Los jarrones micénicos importados en Cerdeña,rhyton y kantharos, son también evidencia de consumo de vino, así como una copa de derivación euboica documentada en el nuraghe de sant’Imbenia, en el parque de Porto Conte (Alghero). No sólo se producía y se bebía, sino que también se exportaba: frente a la costa de Malta, de los restos de un barco se sacaron a la luz ánforas de vino, típicas de la producción cerámica de la isla, signo inequívoco de que eran "sardos", utilizados para comerciar con el Mediterráneo Oriental ya en el siglo IX antes de Cristo.