La ciudad se encuentra orientada al N de Campidano y se asoma al golfo de Oristano. En las cercanías, transcurre el río Tirso y se encuentran las lagunas de Santa Giusta y de Cabras, como final de una amplia planicie rodeada por las alturas del Monte Arci. El territorio documenta la continuidad de asentamiento de la época prenurágica, como importantes testimonios arqueológicos de la presencia fenicio-púnica, romana y bizantina. En la época medieval, fue capital del renio de Arborea para, después, anexarse a la Corona de Aragón. Desde principios del siglo XVI, se suceden los acontecimientos históricos de Cerdeña, hasta convertirse, en el siglo XX, en el municipio de la homónima provincia.

A historia urbanística de Oristano está unida a doble filo con los acontecimientos ocurridos del reino de Arborea, último a caer bajo los aragoneses entre finales del siglo XIV y principios del siglo XV. Oristano era la capital del juzgado y, como tal, alojaba al soberano, en su palacio, y debía estar provista de una estructura fortificada adecuada.

A día de hoy, la estructura urbanística de la ciudad revela el núcleo original: son tres los puntos de confluencia de las calles, correspondientes a otras tantas localidades, exactamente la actual plaza Roma, orientada al N, Largo Mazzini, al N/E y plaza Mannu, al S. Estas tres zonas eran atravesadas por las murallas, que protegían el corazón de Oristano: la muralla debía tener una altura de, aproximadamente, 5 ó 6 metros, turrita, y partía de la actual plaza Roma hacia la calle Mazzini, para llegar a la torre de Portixedda. Las murallas continuaban hacia la actual calle Solferino, después, hacia la plaza Mannu. En esta última, como en la plaza Roma, se encontraban las puertas de la ciudad, la Puerta Mari y la Puerta Manna respectivamente, así como la Torre de San Cristoforo (o torre de Mariano). Actualmente quedan pocas ruinas de las antiguas murallas: un torreón en la calle Cagliari y algunos restos en al calle Solferino, en el corral del Asilo Boyl y en la calle Mazzini.