En Barumini, en la región de Marmilla, se respira un aire especial: desde la prehistoria ha sido el centro de poder de un rico territorio. Lo demuestra Su Nuraxi, no solo el nuraga más imponente (y mejor conservado) entre los treinta de los sitios cercanos, sino, sobre todo, el testimonio más importante dejado por la civilización nurágica. El área arqueológica fue sacada a la luz en los años cincuenta gracias a las excavaciones realizadas por Giovanni Lilliu. Al ‘padre’ de los arqueólogos sardos se le ha dedicado un centro cultural, ubicado cerca del nuraga, donde en un entorno inigualable se celebran exposiciones, eventos y conciertos.

Su Nuraxi, construido en basalto, presenta una estratificación de dos mil años, desde el s. XVI a. de C. hasta el s. VII d. de C. Se trata de un nuraga complejo - un bastión con una torre central y cuatro torres en las esquinas - rodeado por un laberinto de 50 cabañas, pozos y cisternas. La torre central (originalmente de 18 metros) es la más antigua y su diámetro va disminuyendo desde la base hasta la altura. Posteriormente, se construyó un cuerpo de obra a su alrededor con cuatro torres más pequeñas. En cambio, las murallas, todavía visibles, se remontan a un periodo de guerras y, gracias a ellas, el nuraga fue inexpugnable. Del Bronce final (s. XIV – XII a. de C.) son las cabañas de planta circular con tejados cónicos, un tipo de viviendas que representan un unicum por su complejidad. La más significativa es la cabaña de las reuniones, donde se han encontrado vasijas, ornamentos, utensilios, armas e imágenes votivas. A finales de la civilización nurágica, aprovechando los restos de la antigua aldea, se construyó un asentamiento con técnicas y decoraciones típicas de una sociedad a la vanguardia, gracias también al contacto con otros pueblos. Siguieron las ocupaciones cartaginesa y romana. El sitio estuvo habitado hasta el s. III d. de C. y frecuentado en la Alta Edad Media.

En los años noventa, en Barumini se descubrió otro nuraga complejo, su Nuraxi ‘e Cresia, sacado a la luz durante la restauración de la Casa Zapata, una residencia de barones aragoneses, construida a mitad del s. XVI sobre el edificio nurágico. Actualmente, el palacio noble, el jardín y el patio constituyen un espléndido museo.