La antigua ciudad de Nora esta situada en un promontorio, el cabo de Pula, separado de la tierra firme por un istmo que se extiende en dos puntas: Sa Punta 'e Su Coloru y la Punta del Coltellazzo, frente a la isleta del mismo nombre.

La antigüedad de la fundación de Nora es mantenida por la conocidia Estela de Nora, que data del siglo IX-VIII a.C, donde es mencionado por primera vez el nombre de Cerdeña: "Shrdn". Sin embargo, la fase de población más antigua hasta ahora constatada data del siglo VII a.C y es documentada por algunos niveles resaltados en las excavaciones todavía en curso, por debajo del foro romano de la época cesariana.

Los barrios poblados del asentamiento fenicio se articulan en dos grupos principales: el primero, adyacente a la playa. El segundo grupo es de la altura de Tanit. Entre el teatro y la altura de Tanit, surge un templo anónimo cuyas estructuras, a primera vista, parecen de la época romana, pero que, tras un atento análisis, muestran características relativas a la orientación y a la planta que redirigen a la época púnica.

La conformación del promontorio sobre el que surge Nora ha favorecido, desde su nacimiento, la utilización de diferentes arribos temporales que se utilizaban en función de los vientos, incluso si el puerto estaba situado en la ensenada. A este respecto, gracias a las prospecciones subacuáticas, se han identificado embarcaderos y muelles.

Con la conquista romana de Cerdeña, en el año 238 a.C., se inició el proceso de romanización de la isla. Al informarnos explícitamente sobre el estatuto adquirido por la ciudad de Nora, encontramos la inscripción de una base de estatua dedicada a Quintus Minucius Pius, que atribuye a este personaje el título de "quattorvir iure dicundo". Esto demuestra que Nora había conseguido el rango de "municipium", seguramente en la primera mitad del siglo I d.C (ésta es la fecha de la base), pero probablemente ya en la época augustea.

Las estructuras visibles hoy en día pertenencen, en su mayroría, a esta fase. De hecho, fue a paritr del siglo I d.C cuando Nora conoció un notable desarrollo urbanístico y un crecimiento de la presencia humana en su territorio, tal y como testimonian las ciudades, las necrópolis y los pueblos que la investigación arqueológica pone de relieve.