A más de 400 de altitud, en medio de un parque arbolado, perfumado por plantas mediterráneas, domina toda la Marmilla: la vista llega hasta el golfo de Oristano al oeste y hasta Cagliari, distante 50 km, al sur. El complejo nurágico de Genna Maria se alza en una colina, en una posición estratégica para controlar el territorio, a un kilómetro de Villanovaforru, un pueblo fundado bajo el dominio español, que se hizo famoso tras el descubrimiento del nuraga a mitad del s. XX. Se trata de un nuraga con una estructura compleja: originalmente, en el s. XV a. de C., había un torreón central (de diez metros de altura) con una sala interna, rodeado por un bastión con tres grandes torres unidas por gruesos muros, que todavía hoy, encierran un patio con un pozo, parcialmente excavado en la roca. En una segunda fase, a principios del Bronce reciente (s. XIII a. d C.), la torre fue rodeada y parcialmente englobada en un bastión con cuatro torres con aspilleras. A su vez, el antemural cuadrilobulado, que se supone tenía una función defensiva, fue rodeado (s. XI a. d C.) por una poderosa muralla con seis torres esquineras. En el interior y el exterior, se extendía la aldea, fundada alrededor del s. X a. de C. y construida en varias fases, como demuestra la evolución de las viviendas. Las cabañas más recientes tienen una estructura compleja con una planta central con habitaciones elípticas, cuadradas y rectangulares, funcionales y decoradas de diferentes maneras. Excepcional es la casa con patio central, de 150 m², subdivida en varias salas que dan a un único patio.

El complejo permaneció deshabitado por un largo periodo durante la Edad de Hierro; luego, en el periodo cartaginés-romano (a partir del s. IV a. de C.) se usó con fines religiosos en honor de Deméter y Core: en el patio a cielo abierto se celebraban crueles sacrificios mientras que, en el centro de la sala, estaba el sacellum destinado a simulacro y exvotos de los fieles. Los preciosos hallazgos, más de 600 candiles, monedas, vasijas de vidrio y figulinos, frascos, broqueles, braseros, pintaderas, copas de cocción, muelas y huesos de animales, corresponden a siete siglos y testimonian la laboriosidad de la comunidad nurágica y posnurágica. Hoy, se conservan en un elegante edificio del s. XIX, en el centro del pueblo, en el pasado un ‘banco de trigo’, que se ha convertido en el Museo Arqueológico Genna Maria. En él también se exponen restos prenurágicos, nurágicos, cartagineses, romanos y tardoantiguos, procedentes de asentamiento, necrópolis y tumbas monumentales de los pueblos de Marmilla que forman el consorcio sa Corona Arrubia. Visitándolo, revivirás las fases de la vida cotidiana de los pueblos nurágicos y la evolución de los ritos sagrados, hasta los romanos y bizantinos.