Una zambullida en un mar que parece pintado. Conocida como is pùligi de nie (las pulgas de nieve) por las piedras blancas y rosas, mixtas con la arena, que la componen. Cala Mariolu, en el territorio de Baunei, debe su nombre a la foca monje que se dice, ‘robaba’ el pescado de la red de los pescadores provenientes de Ponza, por lo tanto gozaba del apelativo ‘mariolo’ (ladrón).

Su panorama asombra por los tonos de infinito azul, verde esmeralda y celeste y por los cantos que parecen copos de nieve. El acantilado que la circunda alcanza los 500 metros de altura y cae a pico sobre el agua tanto al norte como al sur, volviendo Cala Mariolu accesible desde tierra solamente a través de un trekking fatigoso (para expertos) en medio a una densa maquia mediterránea. Punta Is Puligi en el pasado era un punto de descarga del carbón para los furisteris, los carboneros que poblaban Baunei.

El bajo fondo merece una inmersión con la máscara para quien tiene menos familiaridad o con equipo de inmersión para quien desea explorarlo en profundidad: es un hábitat de varias especies. También los delfines cada tanto se dejan ver en la costa. Fuera del agua observarás el halcón peregrino y el halcón de Eleonora, el cormorán moñudo y el águila real.

Un gran peñasco, sa perda ‘e su saltatori, hace las veces de puente. A la cala se accede con más comodidad desde el mar, con barcos privados o con servicios para las calas que salen de los puertos de Arbatax, Cala Gonone y Santa Maria Navarrese. En las cercanías surgen tantas grutas y una dentro de la cala: comienza con una playa y se extiende hasta diez metros de profundidad como resultado del incesante trabajo secular del mar. Poco distante existe la sugestiva gruta del Fico. En tu excursión a lo largo del golfo encontrará otras calas absolutamente imperdibles: la incontaminada Goloritzè, las espléndidas Sisine y Biriola y una de las playas símbolo del Mediterráneo, Cala Luna, mitad en el territorio de Dorgali.